netsequé surge de haber repetido “net” y sus miles variaciones etimológicas cien mil veces. Es la ciberpiscina del blablabla nosequé. Una conversación que comienza por un nodo aleatorio, y acaba por ser el virus perfecto: una reproducción infinita que acaba por convertirse en una epistemología en sí.
Cuando el caos –injustamente demonizado– se convierte en el nuevo orden, acudimos a las herramientas de acción patrocinadas por netsequé:
La única manera de apropiarse de un fenómeno es traicionar su lógica y adaptarla a nuestros propios problemas, necesidades e intereses. Alimentar rizomas antiaceleracionalistas y anticapitalistas.
Una mirada sin vergüenza del pasado sin miedo al futuro. Porque la curiosidad es insubordinación en su forma más pura.
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