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netsequé surge de haber repetido “net” y sus miles variaciones etimológicas cien mil veces. Es la ciberpiscina del blablabla nosequé. Una conversación que comienza por un nodo aleatorio, y acaba por ser el virus perfecto: una reproducción infinita que acaba por convertirse en una epistemología en sí.

Cuando el caos –injustamente demonizado– se convierte en el nuevo orden, acudimos a las herramientas de acción patrocinadas por netsequé: